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Esoterismo y arte moderno · 1862–1944

Hilma af Klint: espiritismo y pinturas abstractas

Libros de consulta de color índigo, una página en blanco abierta y una lupa.

Las series abstractas y los cuadernos de Hilma af Klint conservan tanto decisiones artísticas materiales como sus relatos de guía espiritual.

Hilma af Klint produjo numerosas pinturas y cuadernos mientras participaba en círculos espiritistas y teosóficos. Los museos y su fundación conservan las obras y documentan sus propias explicaciones; estas son testimonios de intención artística y creencia.

Formación y un círculo de cinco

El material educativo del Guggenheim documenta la formación artística reglada de af Klint en Estocolmo y su actividad pública en la pintura naturalista. También describe al grupo de cinco mujeres, conocido como Las Cinco, que se reunía para prácticas espiritistas y conservaba notas y dibujos automáticos. Su actividad ocultista pertenecía, por tanto, a un círculo social y a su estudio individual. Los nombres de las otras mujeres importan para entender cómo surgió una imagen o una idea. La cronología de la Fundación Hilma af Klint enumera a Sigrid Hedman, Cornelia Cederberg, Mathilda Nilsson, Anna Cassel y af Klint como integrantes. Una pintura posterior puede atribuirse a af Klint y situarse a la vez en el contexto de los registros compartidos del grupo. Los cuadernos documentan reuniones y experiencias relatadas; no demuestran que un interlocutor invisible causara un dibujo. El relato del museo también mantiene a la vista su producción naturalista, evitando una biografía donde el espiritismo sustituya inexplicablemente a todos sus demás tipos de arte.

Las pinturas para el templo

El Guggenheim identifica 193 obras en la serie Las pinturas para el templo, realizada entre 1906 y 1915. Af Klint relacionó el proyecto con un encargo espiritual. El museo presenta sus explicaciones del proceso como cambiantes: en un momento destacó que trabajaba sin planes previos; después describió la recepción e interpretación de mensajes con un control más activo. Son cambios históricos importantes en la manera de narrar su propia autoría. No conviene reducirlos a un único origen milagroso ni afirmar que fue una mera intermediaria pasiva. Las obras permiten estudiar formato, escala, color, secuencia y formas recurrentes. El vocabulario espiritual forma parte de su interpretación, pero también puede examinarse cómo se hizo materialmente cada pintura y cómo se relaciona con el resto de la serie. Una obra fechada y una declaración fechada sobre ella son fuentes distintas; ninguna sustituye a la otra.

Cuadernos, custodia y exposición

La Fundación Hilma af Klint afirma que posee sus obras abstractas, cuadernos de bocetos y notas, y que las obras se numeraron según un registro creado en 1945. Su relato de sus fondos es una fuente institucional primaria. La cronología registra que af Klint marcó ciertos cuadernos para abrirlos más tarde y que parte de la serie del Templo se mostró en Londres en 1928. El Guggenheim también señala que la exposición de 1928 complica la repetida afirmación de que toda la serie permaneció oculta en vida de la artista. Son detalles importantes para la historia del arte: crear una obra y exponerla tienen fechas distintas, y la fama posterior no prueba una invisibilidad anterior absoluta. Cada pintura tiene título, número y registro propios aunque pertenezca al mismo ciclo.

Por qué esto es historia del ocultismo y del arte

La práctica de af Klint cruzó pintura, reuniones espiritistas, lecturas teosóficas y posteriores intereses antroposóficos. La cronología de la fundación sigue esos compromisos, mientras el Guggenheim interpreta los cuadros en el contexto de la abstracción moderna. Ninguna de las dos fuentes obliga a considerar a los espíritus relatados como agentes históricos confirmados de forma independiente. Las pinturas y los cuadernos son pruebas materiales de que trabajó con ideas espirituales; sus declaraciones muestran cómo entendía el trabajo. Su recepción posterior también cambia las preguntas dirigidas al archivo. Es posible hablar de sus primeras pinturas no figurativas sin reducir toda su carrera a una competición por quién inventó antes la abstracción. Esa disputa puede borrar a las mujeres que colaboraron con ella y el propósito concreto que asignó a la serie del Templo. Resulta más útil estudiar qué pintó, cuándo dejó constancia de una interpretación, qué obras llegaron al público y cómo las catalogaron instituciones posteriores. Son preguntas que los objetos conservados permiten responder.

Fuentes y otras vías de investigación

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