EL TEXTO · ATHARVAVEDA
Himnos comentados en este artículo
Empieza por los versos que se muestran aquí. Abre los demás himnos citados para comparar sus imágenes y propósitos.
ATHARVAVEDA · LIBRO I EN PRIMER PLANO
Un hechizo de amor: con una hierba dulce
Esta planta ha nacido de la miel (mádhu-); con miel te cavamos; de la miel eres engendrada; ⌊así⌋ haznos poseedores de miel.
En la punta de mi lengua miel, en la raíz de mi lengua dulzura de miel; que estés enteramente en mi poder (krátu), que vengas a mi intención (cittá).
De miel (mádhumant) [es] mi entrada, de miel mi salida; con mi voz digo lo que es de miel; que tenga yo aspecto de miel.
Soy más dulce (mádhu) que la miel, más de miel que la planta de miel; en verdad me querrás (? van), como a una rama de miel.
Lee el 1 verso restante de I.34
A tu alrededor he ido con una caña de azúcar envolvente (paritatnú), para la ausencia de odio mutuo; para que seas alguien que me ame, para que seas alguien que no se aleje de mí.
Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Leer I.34 en Wikisource ↗
ATHARVAVEDA · LIBRO III TAMBIÉN CITADO
Para someter el amor de una mujer
Lee el himno de comparación III.25 (6 versos)
Que el que impulsa hacia arriba te impulse (tud) hacia arriba; no permanezcas (dhṛ) en tu propia guarida; con la terrible flecha del amor (kā́ma) te atravieso el corazón.
La flecha emplumada de anhelo (ādhī́), con punta de amor, con cuello de determinación (? saṁkalpá-), tras enderezarla bien, que el amor te atraviese el corazón.
La flecha bien enderezada del amor que seca el bazo, de alas adelantadas, consumiente (vyòṣa), con ella te atravieso el corazón.
Atravesada de dolor consumiente (çúc), con la boca seca, ven arrastrándote hacia mí, mansa, con la furia aplacada, enteramente [mía], de habla agradable, sumisa.
Te aguijoneo hacia aquí con una aguijada (ā́janī), lejos de tu madre, también de tu padre, para que estés en mi poder (krátu), para que vengas a mi intención.
Vosotros, oh Mitra y Varuṇa, expulsad las intenciones de su corazón; después, dejándola sin poder, haced que [esté] bajo mi propio control.
Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Lee III.25 en Wikisource ↗
ATHARVAVEDA · LIBRO III TAMBIÉN CITADO
Para la concordia
Lee el himno de comparación III.30 (7 versos)
Igualdad de corazón, igualdad de pensamiento y ausencia de hostilidad hago para vosotros; mostraos afecto (hary) unos a otros, como la inviolable [vaca] hacia su ternero recién nacido.
Sea el hijo sumiso al padre y de igual pensamiento que la madre; que la esposa diga al marido palabras (vā́c) llenas de miel, beneficiosas.
Que no odie el hermano al hermano ni la hermana a la hermana; volviéndoos concordes (samyáñc), de iguales rumbos, pronunciad palabras favorablemente (bhadráyā).
El encantamiento por cuya virtud los dioses no se separan ni se odian entre sí, ese realizamos en vuestra casa, concordia para [vuestros] hombres (púruṣa).
Teniendo superiores (jyā́yasvant), atentos a vuestro propósito, no os dividáis, cumpliendo juntos, avanzando con labor compartida (sádhura); venid aquí diciendo lo que agrada a los demás; os hago unidos (sadhrīcī́na), de igual pensamiento.
Vuestra bebida (prapā́) [sea] la misma, común vuestra porción de alimento; con el mismo arnés (yóktra) os uno ⌊yuj⌋; adorad a Agni unidos, como radios en torno al cubo de una rueda.
Unidos, de igual pensamiento os hago, en un solo racimo, a todos vosotros, mediante [mi] conciliación; [sed] como los dioses que defienden la inmortalidad (amṛ́ta); a última y a primera hora, sea vuestra la buena voluntad.
Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Lee III.30 en Wikisource ↗
I.34 endulza la voz de quien habla
Los cinco versos de I.34 comienzan con una planta de miel y trasladan esa dulzura al cuerpo y a la presencia social de quien habla. La miel se sitúa en la punta y en la raíz de la lengua; después se describen como dulces su entrada, su salida, su voz y su aspecto. El poema termina pidiendo que la persona interpelada ame a quien habla y no se aleje. No se envía nada a distancia en el sentido moderno, pero el paso de la planta a la lengua hace de la comunicación una preocupación real. Whitney registra usos posteriores en una disputa y en el matrimonio, prueba de que las palabras dulces del texto podían servir a distintos fines sociales. Esos usos posteriores no deben confundirse con una instrucción antigua para enviar mensajes.
III.25 sitúa las palabras después de la coacción
III.25.4 también desea que la persona amada hable de forma agradable, pero llega a ese punto mediante una flecha que atraviesa el corazón y una angustia que consume. Los versos siguientes exigen que ella acuda a quien habla y pierda sus propias intenciones. En otras palabras, el habla agradable es un síntoma de la victoria que quien habla quiere imponer. Extraer únicamente el adjetivo «agradable» y equipararlo a una nota tierna hace perder las órdenes que rodean el verso. El himno no ofrece carta, portador ni respuesta compuesta libremente. Imagina que la voz ajena se ajusta al deseo de quien habla después de aplicar la fuerza.
El habla del hogar tiene otra gramática
III.30 distribuye el habla entre un grupo social. En el verso 2 se pide a una esposa que dirija palabras de miel a su marido; en el verso 3 se pide a los hermanos que no se odien y hablen de forma propicia, y los versos posteriores imaginan al hogar aunando esfuerzos. No es la persecución privada de un mensaje sin respuesta. Es un ideal de concordia dentro de vínculos existentes, marcado por los papeles familiares antiguos. La atención reiterada al habla muestra que las palabras pueden sostener una relación, además de señalar su comienzo. También pone de relieve el escaso fundamento para convertir cualquiera de estos versos en una afirmación sobre la llegada de un mensaje de texto.
Una bandeja de entrada es un entorno contemporáneo
«Hacer que la persona elegida me envíe un mensaje amoroso» y El mensaje amoroso se inventaron como beneficio y ritual modernos. Una notificación telefónica no es una traducción implícita de la miel en una lengua, y ningún verso citado promete contacto a una hora elegida. Los pasajes antiguos sí pueden iluminar el contraste entre hacer acogedoras las propias palabras, buscar la armonía de un grupo y ordenar la voz de otra persona. Un mensaje actual tiene valor porque alguien eligió enviarlo y quiso decir lo que decía. Leer III.25 con honestidad protege esa distinción; leer I.34 con atención conserva su elaborada secuencia de dulzura sin fingir que predice una respuesta.
LECTURA COMENTADA
Sigue el cambio de las palabras y de quien las dice
Coloca I.34.3, III.25.4 y III.30.3 uno junto a otro. En I.34, quien habla describe su propia voz como dulce. En III.25 se espera que la mujer interpelada hable de forma agradable después de una imagen de lesión. En III.30 se pide a los hermanos que se hablen bien dentro de una relación doméstica que ya existe. El sujeto del cambio deseado pasa de uno mismo a otra persona concreta y después al grupo. Ninguna de estas construcciones gramaticales contiene una bandeja de entrada ni una nota entregada. La comparación explica por qué un mensaje amoroso contemporáneo es una situación nueva, incluso cuando su lenguaje emocional recuerda los antiguos encantamientos del habla.
