EL TEXTO · ATHARVAVEDA
Himnos comentados en este artículo
Empieza por los versos que se muestran aquí. Abre los demás himnos citados para comparar sus imágenes y propósitos.
ATHARVAVEDA · LIBRO VII EN PRIMER PLANO
A Indra: por la ayuda
Oh Indra, con abundantes ayudas, las mejores posibles, oh héroe generoso, danos vigor hoy; quienquiera que nos odie, que caiga hacia abajo; y a quien odiamos, que lo abandone el aliento.
Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Lee VII.31 (32) en Wikisource ↗
ATHARVAVEDA · LIBRO VII TAMBIÉN CITADO
A Agni: contra los enemigos
Leer el himno de comparación VII.34 (35) (1 verso)
Oh Agni, expulsa a mis rivales que han nacido; haz retroceder, oh Jātavedas, a los no nacidos; pon bajo los pies a quienes quieren luchar [conmigo]; que seamos sin culpa para ti ante Aditi.
Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Lee VII.34 (35) en Wikisource ↗
La ayuda divina precede a la pareja hostil
La apertura solicita una ayuda grande y abundante de Indra. Solo después de reclamar el apoyo divino nombra el verso la hostilidad humana. Este orden concede al bando de quienes hablan un aliado poderoso antes de introducir a la persona rival, como si la ayuda de Indra fuera la premisa de la que debería derivarse el resultado social. El breve poema no ofrece un relato de un ataque ni una forma de comprobar el motivo de la persona rival. Su adversario existe enteramente a través de la descripción de quienes hablan. El verso es, por tanto, una súplica enérgica dentro de un conflicto, no una exposición neutral de ese conflicto. La magnitud de la ayuda solicitada también supera la disputa interpersonal concreta que podrían sugerir las cláusulas finales.
Quién odia a quién cambia el resultado
Dos oraciones de relativo apuntan en direcciones opuestas: quienquiera que nos odie y quienquiera que sea odiado por nosotros. No tienen por qué designar a dos personas, pero la gramática abarca ambas posiciones. Se imagina que el primer blanco cae; el segundo ha de perder el aliento. La progresión intensifica la amenaza en vez de limitarse a repetirla. De manera crucial, el propio odio de quienes hablan basta para someter a alguien a la segunda imprecación. Una paráfrasis tranquilizadora sobre la defensa propia ocultaría esa cláusula más dura. El verso no debate la moralidad del poema; presupone que se puede pedir a Indra que favorezca a quienes hablan incluso cuando son ellos mismos quienes albergan hostilidad.
Un verso pasa de una colección a otra
Whitney identifica VII.31 como una versión de Rigveda III.53.21 con una pequeña variante. El verso compartido circuló, por tanto, más allá de un solo contexto atharvánico. Su presencia en el Rigveda no convierte, sin embargo, el uso atharvavédico en la misma ejecución ritual; los textos adquieren nuevas asociaciones al situarse junto a otros himnos. Whitney no encuentra este verso en Pāippalāda, lo que limita cualquier afirmación de que todos los testimonios atharvavédicos lo incluyeran en este lugar. El uso posterior del Kauśikasūtra agrupa VII.31 con VII.34 y VII.108 en un rito dirigido contra los enemigos. Esa agrupación es prueba de recepción, no una instrucción ausente que estuviera implícita en el antiguo poema de un solo verso.
Compara otra forma de abatir a los rivales
VII.34 pide a Agni que expulse a los rivales nacidos, haga retroceder a los no nacidos y ponga a los combatientes bajo los pies de quien habla. VII.31 no contiene ni una invocación al fuego ni una división entre adversarios presentes y futuros. Su principio organizador es la dirección del odio. Ambos textos representan a un enemigo abatido, pero clasifican las amenazas de manera diferente. Leerlos juntos impide que el movimiento descendente compartido borre su lógica particular. Una práctica contemporánea denominada a partir de VII.31 sería una nueva adaptación; el verso antiguo es una exigencia verbal cuyo resultado se desconoce. La fuente no aporta pruebas de que algún adversario identificado perdiera realmente el aliento o su posición.
LECTURA COMENTADA
Las dos direcciones del odio
Compara el final de VII.31 con VII.34.1. En VII.31, quien odia a las voces del poema cae, mientras que quien es odiado por ellas pierde el aliento. En VII.34, se expulsa a los rivales ya nacidos y se frena a los no nacidos. Una clasificación es relacional; la otra, temporal. Ambas pretenden abatir a quien desafía. Ese contraste hace visible el giro interno de VII.31: el verso no se limita a repetir una fórmula contra el enemigo, sino que amplía la pretensión de apoyo divino para abarcar la propia hostilidad de quien habla. La segunda cláusula de VII.31 impide un relato sencillo de inocencia: quienes hablan incluyen abiertamente a alguien a quien ellos mismos odian.
