La sección semanal parece un calendario planetario, pero el texto no presenta un sistema astrológico claro. Superpone horas, ofrendas, espíritus nombrados, reyes de los puntos cardinales, círculos, nombres divinos y efectos prometidos, y después cambia la combinación de un día a otro.
- Siete llamadas
- De Lucifer a Surgat
- Tramo impreso
- Páginas 34–42 del ejemplar de la British Library
- Recurso repetido
- Una llamada de bienvenida dentro de un círculo que prohíbe entrar

| Día | Espíritu nombrado | Hora indicada | Ofrenda u objeto | Objetivo alegado o rasgo distintivo |
|---|---|---|---|---|
| Lunes | Lucifer | 11–12 o 3–4 | Un ratón | Un círculo prohíbe entrar a Lucifer mientras el discurso le da órdenes como a un sirviente |
| Martes | Frimost | 9–10 de la noche | La primera piedra encontrada | Dignidad y honor; el cuerpo de la conjuración nombra inesperadamente a Nambroth |
| Miércoles | Astaroth | 10–11 de la noche | No se indica una ofrenda de alimento aparte | Favor de un rey y de otras personas |
| Jueves | Silcharde | 3–4 de la noche | Pan para la despedida | Felicidad y tesoros; aparición con forma de rey |
| Viernes | Béchard | 11–12 | Una nuez | La imposición invoca la Eucaristía |
| Sábado | Guland | 11–12 | Pan quemado | La conjuración combina gobernantes infernales con la Trinidad |
| Domingo | Surgat | 11–1 | Cabello, con pelo de zorro como alternativa permitida | Tesoros y una piedra que, según el texto, puede volver invisible a quien la lleve |
El libro ofrece más de un mapa del mundo de los espíritus
Antes de las llamadas semanales, las páginas impresas 28–30 nombran cuatro reyes por dirección: Magoa al este, Egym al sur, Bayemon al oeste y Amaymon al norte. Cada uno tiene subordinados. El operador puede elegir uno de ellos en lugar de recitar toda la lista, mientras que la fuerza divina, un círculo y un pentáculo se presentan como medios de contención. Este es un primer mapa: el espacio organiza el rango y la dirección proporciona la ruta por la que se entrega una orden.
La sección semanal añade un segundo mapa sin conciliar ambos. El lunes corresponde a Lucifer; el martes, a Frimost; el miércoles, a Astaroth; el jueves, a Silcharde; el viernes, a Béchard; el sábado, a Guland; y el domingo, a Surgat. Las horas, las ofrendas y los beneficios declarados sustituyen a las cadenas direccionales como coordenadas más visibles. El resultado presenta capas, no un sistema uniforme. En el mismo volumen aparecen reyes direccionales, especialistas semanales, una conjuración universal y una operación aparte para obtener tesoros. El libro acumula caminos hacia la eficacia en vez de deducirlos de una cosmología coherente.
El lunes establece la gramática de invitación y exclusión
La llamada del lunes fija dos intervalos posibles: de once a doce o de tres a cuatro. Se traza un círculo con carbón o tiza bendecida y se inscribe una prohibición: en nombre de la Trinidad se impide a Lucifer entrar. Se destina un ratón a la ofrenda. El maestro viste estola, alba y sobrepelliz, y habla «como amo a sirviente» mediante una larga cadena de nombres sagrados. La escena reúne vestiduras clericales, un pequeño animal corriente, un diagrama delimitado y la máxima autoridad verbal.
Su tensión central gobierna toda la serie. Se ordena venir a Lucifer, pero se le prohíbe cruzar el círculo. Se desea su aparición junto al borde, mientras que la seguridad física depende de mantener el límite. Por tanto, el círculo no representa la morada del espíritu. Es una línea contractual: se exige presencia, se niega entrada y se imagina una conversación a través de la frontera. El dominio que afirma el operador necesita ambas partes. En la ficción del libro, llamar sin excluir invita al peligro; excluir sin llamar no produce encuentro alguno.
Cada día modifica el intercambio
El martes sustituye el ratón por la primera piedra encontrada y vincula la acción con la dignidad y el honor. La inscripción del círculo se dirige repetidamente a Frimost, pero la conjuración principal llama a «Nambroth». Esa discordancia se entiende mejor como una juntura textual o una sustitución editorial inestable. La página no explica que ambos nombres sean alias. La llamada del miércoles a Astaroth busca el favor de un rey y de otras personas mediante autoridad mariana y trinitaria. La del jueves a Silcharde pide felicidad y tesoros, espera una forma regia y entrega pan a la despedida.
El viernes entrega una nuez a Béchard y refuerza la imposición cristiana invocando la Eucaristía. El sábado ofrece pan quemado a Guland y pregunta qué le agradará; el discurso coloca a Satanás, Belcebú y Astaroth junto a fórmulas trinitarias. El domingo amplía el intervalo de once a una, pide cabello pero admite pelo de zorro, y despide a Surgat después de solicitar tesoros. La variación es el método. Cada pequeño rito parece propio porque su hora, objeto, palabras y resultado deseado no repiten sin más el modelo del lunes.
La jerarquía sirve para encaminar órdenes, más que como teología
Los nombres no forman una jerarquía estable en todo el libro. Lucifer puede responder a la llamada del lunes y aparecer en otro lugar como emperador. Astaroth pertenece a la llamada del miércoles y también a cadenas de mando superiores. Se acude a Surgat por tesoros y por una piedra a la que se atribuye invisibilidad, mientras que a Silcharde también se le asignan tesoros y felicidad. La repetición de ámbitos no incomoda al compilador; ofrece destinatarios alternativos. El libro se comporta como un directorio reunido a partir de varios sistemas, cada uno de los cuales promete un camino para superar la resistencia.
Esto ayuda a explicar las enormes cadenas de nombres divinos. En el relato del texto, el rango por sí solo nunca garantiza la obediencia. El operador invoca poderes superiores, figuras cristianas, objetos sacramentales y límites escritos para reforzar una exigencia concreta. La jerarquía no es una genealogía ordenada de demonios. Es un mecanismo para elevar la presión. Cuando el destinatario nombrado podría negarse, el discurso recurre a una red más densa de autoridades. La acumulación hace que la orden suene judicial, incluso cuando los cargos y las grafías cambian de una página a otra.
Secuencia comentada: la llamada del lunes a Lucifer, desde la hora hasta la despedida
Comencemos por la restricción horaria. El lunes permite uno de dos intervalos breves, de modo que la operación se representa como inaccesible durante la mayor parte del día. Después llega el límite: el carbón o la tiza bendecida forman un círculo y la frase escrita niega explícitamente la entrada a Lucifer. A continuación, el operador adopta apariencia clerical con estola, alba y sobrepelliz. Un ratón constituye la ofrenda. Solo después de fijar tiempo, espacio, vestimenta e intercambio se pronuncia la orden mediante la larga cadena de autoridad.
La llamada exige entonces presencia, pero limita cómo debe producirse. El espíritu debe asistir al maestro como sirviente y responder, permaneciendo fuera del recinto protegido. Si la secuencia tiene éxito según sus propias reglas, el encuentro también debe cerrarse, no abandonarse sin más. La sección general aporta la lógica de la despedida y las ofrendas al partir, sobre todo el pan entregado a Silcharde. Como secuencia completa, el lunes no consiste en «decir un nombre y recibir una respuesta». Es restricción horaria, perímetro marcado, cargo asumido, ofrenda, comparecencia forzada, intercambio delimitado y liberación.
Comparemos el martes y el domingo para ver qué permanece. El martes conserva una hora limitada, una fórmula del círculo, una ofrenda y un efecto social deseado, pero la juntura Frimost/Nambroth debilita la coherencia del nombre. El domingo mantiene el círculo y la orden, pero cambia el objeto, amplía la hora y concreta un efecto transportable en la piedra de Surgat. La constante no es una correspondencia planetaria. Es el intercambio controlado: elegir al destinatario, abrir el tiempo permitido, marcar quién puede cruzar cada línea, fijar el precio, exigir un efecto y terminar el contacto.
Órdenes, límites y el problema de la obediencia
Las reiteradas afirmaciones de dominio del lunes dependen de límites que el propio discurso debe establecer. Se llama a Lucifer como sirviente, pero el círculo también le niega la entrada, las vestiduras clericales sostienen el papel del operador y los nombres sagrados refuerzan la orden. Estos recursos muestran que el texto no considera suficiente un nombre por sí solo. Construye la obediencia combinando un cargo proclamado con un lugar controlado y una sucesión de autoridades superiores.
Los cambios a lo largo de la semana revelan los límites de esa construcción. Frimost y Nambroth ocupan partes distintas de la formulación del martes, mientras que otros días cambian la ofrenda, la hora, la apariencia o el efecto deseado. El libro conserva esas disposiciones desiguales en lugar de reducirlas a una sola regla. Su autoridad nace de acumular procedimientos y voces, incluso cuando sus detalles se resisten a una jerarquía coherente.
