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Atharvaveda · Maldiciones y enemigos

Atharvaveda 4.18 y el hechizo devuelto

Un disco lunar decorativo de plata, aros de latón sin calibrar y un libro índigo.

Atharvaveda IV.18 desarrolla la imagen de una acción enviada a una casa y devuelta; II.11 utiliza un amuleto contra la acción hostil. La página no debe presentar las sospechas de brujería como un diagnóstico de hechos reales.

EL TEXTO · ATHARVAVEDA

Himnos comentados en este artículo

Empieza por los versos que se muestran aquí. Abre los demás himnos citados para comparar sus imágenes y propósitos.

IV.18

ATHARVAVEDA · LIBRO IV EN PRIMER PLANO

Contra la hechicería: con una planta

  1. La misma luz con el sol; la noche posee la misma que el día; hago lo eficaz (satyá) para ayudar; sin savia sean las hacedoras [de hechicería].

  2. Quien, oh dioses, tras hacer hechicería, la lleve a la casa de alguien que no sabe, que, como un ternero que mama (dhārú) hacia su madre, vuelva hacia él.

  3. Quien, tras hacer el mal en casa, desea matar a otro con él, numerosas piedras producen un fuerte estrépito cuando se la quema (fem.).

  4. Oh tú de mil moradas (? -dhā́man), haz que yazcan (?) sin cresta, sin cuello; devuelve la hechicería a quien la hizo, como una amada (priyā́) a un amante (priyā́vant).

Leer los 4 versos restantes de IV.18
  1. Yo, con esta hierba, he desbaratado todas las hechicerías: la que han hecho en el campo, la que en las vacas o la que en tus hombres (púruṣa).

  2. Quien la ha hecho no ha podido hacerla; ha aplastado (çṛ) un pie, un dedo; ha hecho lo excelente para nosotros, pero para sí un abrasamiento (tápana).

  3. Que la borradora borre el kṣetriyá y cualquier maldición [que haya]; [borre], en verdad, a las hechiceras, borre a todas las viejas brujas.

  4. Tras borrar a los hechiceros, borrar a todas las viejas brujas, oh borradora, contigo borramos todo eso.

Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Leer IV.18 en Wikisource ↗

II.11

ATHARVAVEDA · LIBRO II TAMBIÉN CITADO

Para contrarrestar la brujería: con un amuleto

Lee el himno de comparación II.11 (5 versos)
  1. Destructor del destructor (dū́ṣi) eres tú; proyectil del proyectil (hetí) eres tú; arma del arma (mení) eres tú: alcanza (āp) al mejor, rebasa al igual (samá).

  2. Sraktyà. eres tú; el que retorna (pratisará) eres tú; contrahechizo eres tú: alcanza al etc., etc.

  3. Hechiza (abhi-car) contra quien nos odia, a quien odiamos: alcanza al etc., etc.

  4. Patrono (sūrí) eres tú; dador de esplendor eres tú; protector del cuerpo eres tú: alcanza al etc., etc.

  5. Brillante (çukrá) eres tú; resplandeciente (bhrājá) eres tú; cielo (svàr) eres tú; luz eres tú: alcanza al etc., etc.

Traducción de Whitney–Lanman tal como se publicó (1905) · Lee II.11 en Wikisource ↗

IV.18 envía el daño de vuelta

La enfermedad, el tiempo atmosférico y los signos ominosos pueden entrar en los poemas como problemas de formas diferentes. Su formulación dramática nos habla de una experiencia de peligro, no de la culpa de un vecino. La obra hostil de IV.18 vuelve hacia quien la hizo: un relato de inversión, no un escudo.

IV.18 hace más que pedir seguridad: narra un viaje de regreso para la acción hostil. II.11, en cambio, sitúa la protección en un amuleto portátil. A un peligro se responde cambiando su curso; al otro, manteniendo cerca un objeto. Es un diseño espacial marcadamente distinto.

La inversión es una trama narrativa

El movimiento de regreso es una inversión poética que da a la víctima imaginada una forma de representar el fin del ataque. Su secuencia importa: reconocer una amenaza precede al medio de seguridad imaginado. El peligro nombrado da forma al verso; una categoría protectora amplia no puede hacer ese trabajo por nosotros. El amuleto de II.11 permanece con la persona amenazada; el contraste es entre movimiento y defensa llevada consigo.

Una defensa que se lleva cerca

IV.18 cuenta una historia de regreso, mientras que II.11 se centra en un objeto que se lleva consigo. La ansiedad, el presagio y el adversario imaginado no ocupan el mismo lugar en estos poemas. El verso vecino no se limita a repetir el primero; ha cambiado la pregunta planteada.

Un ternero y una persona amada sitúan la supuesta fuente

El regreso de IV.18 se apoya en dos semejanzas marcadamente distintas. El verso 2 hace que una práctica impuesta vaya a quien la hizo como un ternero lactante que encuentra a su madre. El verso 4 pide que vuelva como una persona amada a su amante. La imagen del ternero implica un vínculo de dependencia; la del amante implica atracción. Ambas resuelven, en forma poética, la incertidumbre de quien habla sobre el origen de algo dañino. No establecen un autor real. El himno amplía después los lugares amenazados imaginados al campo, el ganado y las personas en el verso 5. Whitney señala que Pāippalāda tiene los versos 6 y 5 en el orden contrario, por lo que la afirmación del fracaso de quien lo hizo no ocupa la misma posición relativa en todos los testimonios. El relato antiguo cambia de disposición.

II.11 supera en vez de narrar un regreso

En su primer verso, se habla al amuleto de II.11 como al destructor de un destructor, al proyectil de un proyectil y al arma de un arma. Su cierre recurrente pide a alguien, quizá a quien lo lleva, que alcance al mejor y pase más allá del igual; Whitney señala que el comentarista, en cambio, asigna ese estribillo al amuleto. El verso 2 llama al objeto reentrante o que vuelve, pero el himno no construye el viaje del ternero y el amante de IV.18. El verso 3 nombra tanto a quien odia como a alguien a quien odian las voces del poema, lo que muestra una voz abiertamente partidista, mientras que el verso 5 termina en brillo y luz. El ascenso competitivo del amuleto difiere del regreso narrado de IV.18. Según la exposición de Whitney, II.11 está ausente de Pāippalāda, lo que limita las afirmaciones sobre una versión compartida estable. Ninguno de los dos poemas establece la causa de un contratiempo contemporáneo.

Lectura comentada: una defensa que se lleva cerca

IV.18 narra el regreso de una práctica hostil a quien la hizo. II.11 se centra en un amuleto protector. La inversión y la defensa portátil son dos modelos poéticos diferentes. El poema de inversión necesita un origen imaginado al que pueda volver el daño, pero esa imagen no aporta pruebas de un autor real. El pasaje del amuleto ofrece un segundo relato de defensa sin esa trama de regreso. Los separa la dirección literaria de la protección, no un presunto efecto físico.

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